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Por qué la contabilidad sí importa, aunque la odies.

La contabilidad no es complicada, solo está mal explicada.

 

Para muchas personas, la contabilidad es una de esas tareas de la vida cotidiana que se intenta evitar a toda costa. Sin embargo, es un tema al que tarde o temprano todos terminamos enfrentándonos, ya sea como personas o como empresas. Para eso existen carreras y profesionales que se encargan de atender estos asuntos, pero cuando no se tiene el conocimiento básico, incluso entender de qué están hablando puede volverse complicado.

Esta falta de entendimiento, sumada a los complejos que pueden ser algunos procesos por sí solos, suele generar una sensación de indefensión e inseguridad, como si la contabilidad fuera algo imposible de comprender. Se asocia con números, impuestos, reglas poco claras y contadores hablando en un idioma que no siempre se entiende. Por eso no es raro que se evite, se posponga o se deje “para después”, hasta que aparece un problema y ya no hay opción.

En México, además, el contexto no ayuda mucho. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a través del SAT, maneja procesos complicados y en muchos casos carece de claridad en sus soluciones y explicaciones. Esto refuerza la idea de que la contabilidad es algo innecesariamente complejo y lejano para la mayoría de las personas.

Pero el problema no es que la contabilidad sea difícil de entender, sino la forma en la que se explica. En muchas ocasiones, tanto la autoridad como la propia industria llenan el tema de explicaciones poco útiles, revueltas o incompletas. Esto provoca que muchas personas terminen abandonándolo por completo, delegando el problema a otros o incluso optando por la informalidad porque parece “más fácil” no involucrarse cuando en realidad, la contabilidad básica puede reducirse a organización, operaciones matemáticas sencillas y algunos conceptos que, aunque suelen estar mal explicados, no son complejos por sí mismos. Este artículo existe precisamente para ayudarte a entender el panorama completo sin necesidad de ser contador y dejar ver la contabilidad como algo ajeno.

Qué no es la contabilidad.

Gran parte de la confusión alrededor de la contabilidad no viene de los números, sino de las ideas equivocadas que se han repetido durante años. Antes de entender qué es la contabilidad y para qué sirve, vale la pena aclarar qué no es y por qué muchas de esas creencias terminan generando más problemas que soluciones.

La contabilidad solo sirve para pagar impuestos.

Es cierto que una de las funciones de la contabilidad es calcular y pagar correctamente los impuestos correspondientes, pero esa es solo una de sus vertientes. Reducir la contabilidad únicamente a impuestos es quedarse con una visión muy limitada del panorama completo.

La realidad es que la contabilidad permite medir la salud financiera de una empresa o de una persona. A través de ella se puede saber si un negocio esa creciendo, si se está descapitalizando, si hay problemas de liquidez o si se están tomando decisiones equivocadas. Esa información es clave para actuar a tiempo, especialmente en momentos de crisis o incluso en periodos de auge, aunque en ese momento no se esté pagando ningún impuesto.

Mientras facture y pague impuestos, todo está bien.

Facturar correctamente y pagar impuestos es importante, pero no es suficiente. Cumplir con la autoridad no garantiza que un negocio esté bien manejado ni que sea financieramente sano.

Un bien control contable va más allá del cumplimiento. Permite entender si realmente se está ganando dinero, en qué se está gastando, qué áreas son rentables y cuáles no. Sin ese control, es fácil cumplir “en papel” y aun así tener problemas financieros que no se detectan hasta que ya es muy tarde.

La contabilidad es pura teoría y números que no sirven.

Aunque la contabilidad tiene bases teóricas, su verdadero valor está en la práctica. Los números que arroja una contabilidad bien hecha y organizada son fundamentales para entender cómo se encuentra una empresa o persona desde el punto de vista financiero.

Un mismo número puede significar cosas muy distintas dependiendo del contexto, la historia y la situación financiera. Por eso la contabilidad no es solo sumar y restar, sino interpretar.

Si tengo contador, no necesito entender nada.

Contar con un contador es importante, pero eso no significa que no sea necesario entender los resultados que presenta. No se trata de conocer cada asiento contable ni cada detalle técnico, sino de comprender qué dicen los números sobre la situación financiera.

Es similar a la salud: no es necesario saber cómo funciona cada componente de un medicamento, pero sí entender qué está tratando de curar y qué problema se está enfrentando. De la misma forma, entender la información que entrega un contador permite tomar mejores decisiones y tener mayor control sobre la propia información financiera.

Cómo se conectan los números.

La contabilidad no funciona como una lista de números aislados, sino como un sistema donde todo está relacionado. Cada cifra que aparece tiene una causa y un efecto, y entender esa conexión es mucho más importante que memorizar conceptos sueltos. Cuando se ve la contabilidad como un conjunto, los números empiezan a tener sentido.

Por un lado, están los ingresos, que representan lo que entra, y por otro los costos y gastos, que muestran en qué se utiliza ese dinero. Al mismo tiempo, existen cosas que se tienen, como efectivo, cuentas bancarias o bienes, y cosas que se deben, como deudas u obligaciones. Todo eso convive y se afecta entre sí dentro de la misma estructura.

Además, no basta con saber si se gana o se pierde dinero. También importa cómo se mueve ese dinero en el tiempo. El flujo de efectivo muestra si realmente hay recursos disponibles para operar, pagar compromisos o aprovechar oportunidades, independientemente de lo que los resultados aparenten en papel.

Cuando se entiende este mapa general, la contabilidad deja de ser confusa. Cada número empieza a ocupar un lugar lógico dentro de la historia financiera, y se vuelve más fácil identificar qué está pasando y por qué. En las siguientes secciones, cada una de estas piezas se verá por separado, pero siempre como parte de este mismo sistema.

Conceptos básicos.

Para entender la contabilidad no es necesario memorizar conceptos ni definiciones técnicas. Basta con ubicar algunas ideas y entender para qué sirven en la práctica. A continuación, se presentan los conceptos básicos más importantes, explicados de forma simple y con el único objetivo de que puedas reconocerlos y usarlos como referencia al momento de tomar decisiones.

Activos: Recursos o derechos que tiene una persona o empresa y que representan un valor económico.

Pasivos: Obligaciones o deudas que deberían pagarse en el futuro.

Capital: La diferencia entre lo que se tiene y lo que se debe; representa el valor propio.

Ingresos: Dinero que entra como resultado de alguna actividad, venta o servicio.

Costos: Gastos directamente relacionados con producir o vender un producto o servicio.

Costos operativos: Gastos necesarios para mantener el funcionamiento de la empresa.

Gastos: Desembolsos necesarios para operar, aunque no estén ligados directamente a una venta.

Utilidad bruta: Resultado de restar los costos a los ingresos.

Utilidad neta: Lo que realmente se gana después de restar costos, gastos e impuestos.

Balance general: Estado que muestra lo que se tiene, lo que se debe y el capital en un momento específico.

Estado de resultados: Reporte que muestra si se ganó o se perdió dinero durante un periodo.

Estado de flujo de efectivo: Reporte que muestra cómo entra y sale el dinero realmente.

Cuentas por cobrar: Dinero que terceros deben pagar en el futuro.

Cuentas por pagar: Obligaciones pendientes de pago a proveedores u otros terceros.

Inventario: Bienes destinados a la venta o a la producción.

Depreciación: Pérdida de valor de un activo con el paso del tiempo.

Amortización: Distribución gradual del costo de un activo o deuda a lo largo del tiempo.

Punto de equilibrio: Nivel en el que los ingresos cubren todos los costos y gastos, sin ganancia ni pérdida.

Presupuesto: Plan financiero que estima ingresos y gastos futuros.

Proyección: Estimación de resultados financieros futuros basada en información actual.

Ratios: Indicadores que ayudan a interpretar la información financiera.

Liquidez: Capacidad de cumplir obligaciones de corto plazo.

Solvencia: Capacidad de cumplir obligaciones en el largo plazo.

Cómo leer números como historia.

Los números por sí solos dicen poco. Una cifra aislada puede parecer buena o mala dependiendo de cómo se mire, pero sin contexto es fácil sacar conclusiones equivocadas. La contabilidad cobra sentido cuando los números se entienden como parte de una historia y no como datos sueltos.

Más importante que un resultado puntual es la tendencia. No es lo mismo tener un buen mes que tener un negocio sano, así como un mal resultado aislado no siempre significa que todo esté mal. Ver cómo evolucionan los números en el tiempo permite detectar patrones, anticipar problemas y entender si las decisiones están funcionando o no.

Errores comunes por no entender lo básico.

Uno de los errores más comunes es pensar que un negocio es rentable solo porque genera ingresos. Sin entender costos, gastos y flujo de efectivo, es posible vender mucho y aun así tener problemas para pagar obligaciones básicas.

Otro error frecuente es confundir utilidad con dinero disponible. Es perfectamente entendible que si el estado de resultados muestra ganancias se puede interpretar que hay dinero en la cuenta, cuando en realidad el dinero puede estar comprometido, no cobrado o destinado a solventar otras obligaciones.

También es común tomar decisiones fiscales sin entender el impacto financiero. Priorizar solo el cumplimiento, sin analizar cómo afectan los impuestos, las inversiones o las deudas al negocio o a las finanzas personales, suele generar problemas a mediano y a largo plazo.

Estos errores comunes no ocurren por falta de capacidad, sino por falta de claridad. Entender lo básico permite evitarlos antes de que se conviertan en problemas mayores.

La contabilidad no se aprende de golpe ni se domina leyendo un solo artículo. Entender el panorama general es el primer paso para poder profundizar con sentido y no de forma desordenada.

A partir de aquí, conceptos como estados financieros, control de gastos, presupuestos, flujo de efectivo o análisis de resultados empiezan a tener lógica. Cada tema se conecta con el anterior y deja de sentirse aislado e innecesariamente complejo.

Entender la contabilidad no te convierte en contador. Te convierte en alguien que toma mejores decisiones.

No se trata de dominar términos técnicos ni de llevar registros perfectos, sino de comprender qué dicen tus números, que historia están contando y cómo usar esa información a tu favor. Cuando la contabilidad se entiende desde ese enfoque, deja de ser un problema y se convierte en una herramienta.

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Este artículo fue elaborado por el equipo de Insight Vista, especialistas en finanzas, contabilidad y herramientas digitales.

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